"Hola...". Leila dice torpemente, con un nudo apretándole la garganta, poniendo algo de distancia entre ellos mientras apoya la espalda contra el coche, dándose cuenta inmediatamente que ha sido un movimiento equivocado cuando Antonio la atrapa con sus dos manos a su lado y sobre el coche mientras se eleva sobre ella, su cara apenas a pulgadas de la suya.
Leila puede sentir cómo su lobo reacciona a su presencia debido al efecto del vínculo de pareja, pero no siente esa profunda excitación. Es m