Le reconfortaba y le destrozaba el corazón al mismo tiempo, pero también le hizo alegrarse de que los sacrificios que había hecho para traer de vuelta a Leila al menos valieran algo, aunque le hubieran costado lo único que de verdad deseaba, una vida con ella.
Lo que sintió aquel día no fue nada comparado con la brujería con la que Carmela había intentado engañarlo.
El olor de Leila era lo único que llenaba sus fosas nasales. Su deseo por ella era el más fuerte que jamás había sentido. Su lob