Kelvin se tensa, la boca abierta por la sorpresa, dando involuntariamente a Leila más espacio para chuparle el labio inferior. Su cuerpo entero se dispara de placer ante la suavidad de sus labios, la ternura de su beso, la piel se le pone de gallina y un millón de fuegos artificiales estallan en su corazón y él cierra los ojos, saboreándolo.
Quizás pueda tenerla, quizás pueda tener esto. Ahora que ella lo ha besado, ya no puede esquivar el tema, tendrá que reconocerla o rechazarla claramente.