Le doy la dirección al conductor, y él me lleva al lugar, que está en una parte más apartada de la ciudad. Noto que tengo que pagarle dinero extra por mojar su asiento con mi ropa mojada.
Llegamos allí en unos minutos y encontré a mi casero parado afuera de la casa, como si supiera que venía. Había planeado llamarlo al llegar, ya que vive cerca de la casa de todos modos. Ahora mismo, no puedo evitar la extraña sensación que se retuerce dentro de mí mientras me bajo del taxi, le pago al conductor