DUNCAN
Me quedé cerca del extremo de la habitación, bebida en mano, asintiendo a quien me saludara primero, fingiendo no notar cómo la gente intentaba arrastrarme a conversaciones que no me interesaban. Mi rostro permanecía sereno. Neutral. Imperturbable. ¿Pero por dentro? Hervía de rabia.
Esa mujer...
Por supuesto que estaba aquí. ¿Por qué no habría de estarlo? Habían invitado a todo el pueblo. Era una invitación abierta. Así funcionaba esta tradición sagrada mía. Solo que no esperaba que apare