Pero él tenía paciencia, y poco a poco siento que mi enojo empieza a desvanecerse.
Quizás sí cambió. Tal vez ahora si quiere ser mi papá de verdad.
Empecé a hablarle más, y a acostumbrarme a la idea de tener un papá. A veces, pareciera que estuviera en uno de mis sueños en los que él nunca se había ido.
Así seguimos durante dos años, y cuando cumplí veinte años, tenía la esperanza de tener un futuro con mi papá al lado, pero todo se fue al carajo.
Una mañana se va de la casa diciéndome que ti