Encuentro con el grupo
La noche estaba densa y silenciosa cuando escuchamos pasos acercándose. No era un sonido cualquiera; tenía un ritmo decidido, firme, como si quienes vinieran supieran exactamente a dónde iban y qué buscaban. Cada paso resonaba sobre el cemento agrietado, un eco que parecía multiplicarse con la brisa fría que atravesaba los ventanales rotos del edificio.
León y yo nos escondimos detrás de un muro viejo, la respiración contenida, los latidos en mis oídos tan fuertes que se