Ecos en la madera
Ana
Cuando la vela se apagó, me di cuenta de que no había marcha atrás.
El aire se volvió denso, cargado de una humedad que se pegaba a la piel como un aliento frío. León sostenía la muñeca con firmeza, sus labios aún tensos tras haber pronunciado ese nombre prohibido.
“El Devorador de Duelo.”
Sentir el nombre en mi mente era como tener una astilla clavada en el corazón.
Ethan se acercó a mí, su mano temblaba un poco cuando se posó en mi espalda, intentando transmitir calma,