El precio del sello
El eco de la batalla aún reverberaba en mi pecho cuando la casa quedó en un silencio extraño, pesado, como si el mismo aire temiera romperlo. Afuera, la tormenta arreciaba con furia desatada, cada trueno haciendo vibrar las ventanas rotas, marcando un pulso de guerra en la penumbra.
Me recosté contra la pared cubierta de polvo, sintiendo el sabor metálico de la sangre seca en mis labios. Cada respiración era un latido irregular que me recordaba que estábamos vivos, pero apen