El silencio que siguió al ritual fue casi insoportable. La atmósfera estaba cargada de una electricidad densa, como si el aire mismo se hubiera detenido a escuchar el latido de nuestros corazones, tensos, expectantes, al borde de romperse. El reflejo oscuro que había surgido del espejo se había desvanecido, pero la amenaza de su regreso se sentía en cada sombra, en cada susurro de la casa agrietada por la tormenta.
Me quedé de pie, respirando con dificultad, sintiendo cada latido resonar en mis