Luz
Entramos a la habitación de Adam, yo cargada en sus brazos. Él me deposita con delicadeza en la cama y comienza a dar besos en mi cuello, bajando por mi pecho.
—Adam —susurro su nombre, ya que, con solo besos, hace que mi cuerpo se active.
—Eres mía —besa mis labios de una manera tan lujuriosa que decido poner mis manos en su cuello para atraerlo más a mí, bueno, lo que esta panza permita.
—Tuya, mi amor.
Con un rápido movimiento, me coloco encima de él. De una manera muy sensual, em