capitulo 47
Siento cómo mi espalda se parte en dos cada vez que las contracciones llegan. Apenas rompí fuente, Adam y Sam me llevaron a una sala de parto y, desde entonces, no he parado de gritarle a Adam que es un imbécil.

—¡Eres un imbécil, Adam! —aprieto fuerte su mano y este hace una mueca de dolor.

—No te vayas a quejar, maldito, porque juro que ese dolor no es nada comparado con el que estoy sintiendo —siento cómo llega otra contracción, así que grito fuerte—.

—¡Ahhh, joder, esto duele! —cuando
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