No lo podía creer, enfrente de mí estaba Adam, aquel hombre que tanto amé. No estaba tan cambiado, lo único nuevo era que se había dejado crecer la barba, lo que le hacía ver más sexy.
-Hola, Adam - respondí, tratando de sonar tranquila.
-¿Solo "hola, Adam"? ¿Es en serio, Luz? - dijo, incrédulo.
-¡Sí! ¿Cómo querías que te saludara, Adam? - dije, algo irritada. Él intentó decir algo más, pero al final se lo tragó.
-Sabes que ya no importa. Más bien, dime, ¿qué haces aquí?
-Trabajo aquí, Adam, en