Luz
Los brazos de Adam me rodean, dándome apoyo mientras lloro como una niña pequeña. La verdad es que, al ver esa situación, no pude evitar acordarme de que yo también estuve en esas, pero que milagrosamente pude sobrevivir. Sin embargo, esta chica no lo logró.
—Adam, murió... —me pego más a su cuerpo, como si tratara de buscar consuelo en él.
—Lo sé, pequeña. Sé que este debe ser tu primer muerto y, créeme, no es nada fácil, pero tienes que ser fuerte, porque este es el pan de cada día para no