Despierto con unas enormes ganas de comer fresas con crema y, como sé que Dante ya se debió ir, busco a Luciano, que es el que me da mis antojos.
- Luciano - camino por el pasillo pero no lo veo - ¡LUCIANO! - por dios, ¿dónde se metió este hombre? En ese momento, aparecen ambos hombres con los rostros cubiertos de preocupación.
- ¿Nena, estás bien? - ¿qué hace Dante aquí?
- Gaby, ¿estás bien? - miro a Luciano y asiento.
- Sí, es que tenía antojo de fresas con crema y te estaba buscando, pero no