El territorio neutral no era un lugar.
Era una advertencia.
Una estructura abandonada de concreto y acero, enterrada entre montañas muertas, sin banderas, sin cámaras externas, sin señales de pertenencia. Allí no gobernaban estados ni organizaciones. Allí solo sobrevivía quien entendía las reglas no escritas del poder.
Dante lo conocía.
Zhar lo había usado antes.
—No confío en esto —dijo Mikhail mientras el convoy se detenía a quinientos metros—. Demasiado limpio. Demasiado silencioso.
—Justame