La noche cayó como un telón pesado sobre la fortaleza. Las antorchas en las murallas arrojaban luces danzantes sobre los rostros tensos de quienes permanecían de guardia; dentro, la calma era un pulso contenido. Dante caminaba sin prisa por el pasillo principal, la gabardina colgando de sus hombros, la mirada fija en un punto que sólo él veía. A su lado, Mikhail avanzaba como un muro de hielo, y detrás, Iván, Mikko y Sergey seguían en silencio, preparados.
El informe de Marco había abierto un n