El problema no fue la filtración.
Fue lo que no ocurrió después.
Nadie atacó.
Nadie exigió respuestas.
Nadie intentó tomar ventaja inmediata.
Y en el mundo de Zhar, eso solo significaba una cosa: estaban esperando el momento exacto para que doliera más.
Dante observaba el tablero desde la sala alta, las manos apoyadas en la baranda de acero, los ojos fijos en las pantallas donde los flujos de información corrían como venas abiertas. El sistema estaba estable. Demasiado estable.
—Esto es una con