El amanecer se alzó gris sobre la Fortaleza. El viento cargaba el aroma del metal y el silencio de un territorio que había conocido demasiado fuego. Los muros aún conservaban cicatrices del conflicto pasado, pero ahora, entre esas piedras antiguas, se respiraba algo nuevo: poder.
Serena observaba desde el balcón principal, con el cabello rojo danzando al ritmo del aire. Detrás de ella, Dante ajustaba los puños de su camisa negra, su mirada fija en los hombres que formaban un cordón de segurida