La noche después del enfrentamiento con Dimitri cayó sobre la fortaleza como una mortaja.
Los corredores estaban en silencio, el eco de los disparos aún flotando en los muros. Afuera, la nieve caía espesa, cubriendo el suelo manchado de sangre y humo. Dentro, el aire olía a pólvora, sudor y café fuerte.
Mikhail estaba de pie en la sala de mando, con los brazos cruzados. Frente a él, Dante revisaba los planos extendidos sobre la mesa principal. Sergey, Miko e Iván analizaban los reportes de daño