Me acerqué más al borde del mostrador y enrosqué los dedos alrededor de la dura piedra, haciendo palanca, dándome impulso y compra. Me levanté sobre las puntas de los pies para acercarme más a él, con todo el pecho pegado al mostrador y los dedos de los pies apenas sobre el suelo. Le hice una invitación silenciosa.
—¿Quieres que pierda el control, moy svet? ¿Quieres que un caballero o un puto monstruo te folle por primera vez? —Sus palabras eran gasolina para el infierno que había dentro de mí.