CAPITULO 30

—Acabamos de empezar. —Me hizo girar y casi me arrancó la camiseta del cuerpo hasta que me quedé ante él totalmente desnuda, con los pechos pesados, los pezones tensos y el coño todavía muy mojado. No trató de ocultar que me miraba de arriba a abajo y que su atención se centraba en la unión entre mis piernas durante tanto tiempo que me sentí cohibida.

—Aunque esté oscuro aquí —dijo con voz gruesa y me miró— puedo ver esa dulce rajita, puedo ver tu brillante excitación cubriendo tus muslos. —Se
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