Un fuego rugía entre dos grandes y oscuros sofás; la luz baja y titilante proyectaba sombras, pero no podía ocultar el desenfreno que se estaba produciendo. Las mujeres empezaban a quedarse a medio vestir cuando sus pechos quedaban al descubierto, las manos desaparecían en los regazos y a través de los pantalones desabrochados.
El olor del humo de los puros cubanos llenaba el aire, y las risas femeninas de tono sexual sonaban en mis oídos. Cuando estuvimos en la barra, mantuve mi cuerpo de lado