—Sabes, Ricardo, hay que tener mucho cuidado con Andrés. Hoy lo vi demasiado interesado en el nuevo proyecto que tengo con los socios.
—¿Andrés?—Ricardo frunció el ceño—. Otra vez anda metiendo las narices donde no debe. No me sorprende, siempre está buscando la manera de sabotearte.
—Exactamente. No me fío de él. Desde que falleció mi abuelo, ha estado demasiado pendiente de mis movimientos. Algo trama, lo sé.
—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Ricardo, recostándose en la silla con aire pensat