Adrien caminaba de un lado a otro en la sala de espera del hospital, su corazón latía con fuerza y su mente estaba atrapada en un torbellino de pensamientos. La presión en su pecho se intensificaba con cada segundo que pasaba. Sentía que estaba en una encrucijada, atrapado entre su lealtad y la necesidad de cumplir con sus deberes.
Eduardo, su padre, lo observaba en silencio. Sentado en una de las sillas de la sala, con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas sobre su regazo, analizaba ca