Adrien exhaló con fuerza, sintiendo el peso de la situación en cada fibra de su ser. Miró a su padre a los ojos, esos ojos que reflejaban preocupación y, al mismo tiempo, confianza en él. Eduardo cruzó los brazos, esperando la confirmación de su hijo.
—Me tengo que ir, papá. —Ya es hora —dijo Adrien, su voz cargada de determinación y cansancio.
Eduardo asintió lentamente. Sabía que no podía retenerlo, aunque su instinto paterno le pedía que lo hiciera.
—El viaje es largo y la situación es delic