La ira de un hombre herido
El aire en la oficina de Álvaro estaba cargado de humo y desesperación. Su expresión era la de un hombre al borde del abismo, con los ojos inyectados de sangre y el ceño fruncido. Sostenía un vaso de whisky en la mano derecha, mientras su izquierda tamborileaba con impaciencia sobre el escritorio de madera oscura. Afuera, la lluvia golpeaba con fuerza los ventanales, acompasando la tormenta interna que lo consumía.
Uno de sus hombres se acercó con paso nervioso, suda