El teléfono de Adrien vibró sobre la mesa, iluminando la pantalla con un nombre que le hizo apretar la mandíbula: Martha.
Suspiró y tomó la copa de whisky, dándole un trago sin apresurarse a contestar. José, quien lo observaba con atención, arqueó una ceja.
—¿No piensas contestar? —preguntó, señalando el teléfono—. ¿Quién te llama a esta hora?
Adrien dejó la copa sobre la mesa y deslizó el dedo por la pantalla, silenciando la llamada.
—Es Martha —respondió con indiferencia.
José chasqueó la len