Camila llegó al restaurante en su nuevo horario, apenas acomodándose al cambio de turno. Sus compañeros de trabajo, al verla entrar, la saludaron con expresiones de alivio y curiosidad.
—¡Camila! Pensamos que te habían despedido —le dijo Marta, una de las meseras, mientras se acercaba—. Después de lo que pasó el otro día, no te vimos más por aquí.
Camila sonrió con un poco de nerviosismo.
—No, solo me cambiaron la guardia. Ahora estoy en el turno de la tarde hasta el cierre —explicó—. Así q