Andrés subió a su auto a toda prisa. Sus manos temblaban levemente mientras encendía el motor y pisaba el acelerador. Su única preocupación en ese momento era su hija.
El tráfico parecía ir más lento de lo habitual, lo que aumentaba su desesperación. Golpeó el volante con frustración y su respiración se aceleró.
De repente, su teléfono sonó. Miró la pantalla y se sorprendió al ver el nombre de Camila. A pesar de la urgencia de su situación, no dudó en contestar.
—¿Aló? —respondió con la voz ten