Alejandro llegó a la empresa con paso firme. Su rostro reflejaba el cansancio y la frustración que lo acompañaban desde hacía meses. Apenas entró en el edificio, su secretaria intentó hablarle, pero él solo levantó una mano en señal de que no lo molestaran. Ricardo lo esperaba en su oficina.
Al abrir la puerta, lo vio sentado en el sofá, con un sobre en la mano y una expresión seria en el rostro.
—Dime que tienes noticias. —Alejandro cerró la puerta tras de sí y se dirigió a su escritorio.
—Sí…