—No irás a ningún lado. Quiero que me acompañes a ver unas construcciones.
Camila bufó y cruzó los brazos, desafiante.
—No quiero ir a ningún lado. Mejor invita a una de tus mujeres.
Los ojos de Alejandro brillaron con molestia. Dio un paso hacia ella, su voz firme y autoritaria:
—Camila, te estoy dando una orden.
Ella le sostuvo la mirada, negándose a ceder. Pero Alejandro no tenía intención de discutir más. La tomó del brazo con suavidad, pero con la suficiente firmeza para hacerle entender q