En ese momento, el teléfono de Camila sonó. Alejandro la miró con curiosidad, pero ella solo dijo en voz baja:
—Es mi mamá, voy al jardín.
—Está bien, ve —respondió él sin darle mucha importancia.
Camila salió y tomó aire fresco antes de contestar.
—¿Mamá? ¿Cómo llegaste?
—Bien, hija, solo te llamo para decirte que estamos bien. Tu hermana está emocionada de estar aquí.
Camila sonrió, sintiendo alivio.
—Me alegra mucho, mamá.
—Hija, hay algo más… La casa donde vivíamos antes con tu padre está e