Andrés y su esposa entraron a la habitación en silencio después de acostar a su hija. Él se quitó el saco con un gesto mecánico, sin siquiera mirarla. Sandra se acercó, tomándolo con suavidad para ayudarlo, como tantas noches antes. Pero esta vez, cuando intentó besarlo, él giró el rostro con frialdad.
—Déjame en paz —dijo con voz tensa, alejándose de ella.
Sandra entrecerró los ojos y cruzó los brazos.
—¿Por qué? ¿Por qué sigues actuando como si yo fuera la culpable de todo? —su tono era de re