En la amplia y elegante sala de la casa de los Ferrer, Andrés estaba sentado en un sillón, con la mirada perdida, girando distraídamente el vaso de whisky en su mano. Su madre lo observaba desde el otro lado de la sala, mientras su padre hojeaba unos papeles importantes.
—Andrés, hijo, ¿en qué estás pensando? —preguntó su madre, dejando la taza de té sobre la mesita frente a ella.
Andrés no respondió de inmediato. Seguía inmerso en sus pensamientos, repasando cada encuentro que había tenido con