La sirvienta subió con pasos ligeros y tocó suavemente la puerta de la habitación de Camila antes de entrar.
—Señora Ferrer, su madre y su hermanita ya han llegado. Me han pedido que le avise —dijo María con cortesía.
Camila asintió, dejando a un lado el libro que estaba leyendo para relajarse después del largo día.
—Gracias, María. Por favor, ¿puedes preparar algo para cenar? Algo sencillo, no quiero que sea una molestia.
—Por supuesto, señora Ferrer. Me pondré en ello de inmediato —respondió