Camila disfrutaba del momento con su hermana, compartiendo risas y pequeñas cucharadas de su postre improvisado. Sin embargo, el sonido de la puerta principal cerrándose de golpe las interrumpió. Ambas voltearon hacia el pasillo, pero Camila intentó mantener la calma.
De repente, Alejandro apareció en el umbral de la cocina, tambaleándose ligeramente y con el rostro serio. Su voz, cargada de enojo y el aroma inconfundible del alcohol, resonó en el espacio.
—¿No te dije que no me esperaras despi