Después de más de una hora de viaje, Alejandro redujo la velocidad al llegar a un pequeño barrio tranquilo, rodeado de casas humildes y jardines llenos de plantas. Estacionó el auto frente a una vivienda sencilla con una fachada pintada de azul claro y un pequeño jardín delantero lleno de flores que parecía haber sido cuidadas con amor.
—Llegamos —anunció él, apagando el motor.
Camila se movió en silencio. Su corazón latía con fuerza, como si reconociera el lugar antes que su mente. Abrí la pue