El pasillo del hospital estaba en completo silencio, apenas interrumpido por el tenue sonido de los pasos de Alejandro. Caminaba con un ramo de flores en sus manos; su rostro reflejaba una mezcla de ansiedad y esperanza. Había dormido poco, pero aún así, cada uno de sus movimientos estaba cargado de determinación. Frente a la puerta de la habitación de Camila, respiró hondo, se acomodó el cuello de la camisa y tocó suavemente antes de abrir.
Al entrar, la vio sentada en la cama. Llevaba puesta