Adrien bajó del auto con el ceño ligeramente fruncido. Había pasado una noche inquieta pensando en Camila, en sus silencios, en su incomodidad… en esa mirada que parecía estar perdida en un lugar que él no podía alcanzar. Entró al restaurante con paso firme. Apenas cruzó la puerta, se encontró con su madre.
—Hola, madre. —¿Cómo estás? —preguntó con una ligera sonrisa, intentando sonar relajado.
Sofía lo miró con ternura y le devolvió el saludo—. Bien, hijo. ¿Vienes por Camila?
Adrien asintió—.