La noche era serena y el aire cálido acariciaba la piel con una suavidad reconfortante. Alejandro e Irma salieron del restaurante con una sonrisa tranquila dibujada en los labios. La cena había sido excelente, y aunque la velada estuvo cargada de emociones, ambos sintieron que necesitaban ese momento de calma. Irma, especialmente, lucía más animada. Caminaba despacio, con una expresión serena que contrastaba con los días difíciles que había vivido últimamente.
—Fue una excelente elección —dijo