La noche caía lentamente sobre la ciudad, tiñendo el cielo de tonos violáceos y azul profundo. Las luces del restaurante iluminaban con calidez la acera, proyectando sombras tenues en el suelo empedrado. Alejandro detuvo su auto frente al elegante establecimiento, donde un colosal letrero brillaba en tonos dorados y plateados: CAMILA.
El corazón de Alejandro dio un vuelco al ver ese nombre resplandeciente entre luces suaves. Trató de no reaccionar, de fingir que era solo una coincidencia más, u