La fiesta continuaba en la mansión de Álvaro Gutiérrez, aunque el ambiente había cambiado. Algunos invitados comenzaban a despedirse, otros se movían entre copas de champán y conversaciones forzadas, ajenos al huracán que se avecinaba.
Dentro de la amplia oficina privada de Álvaro, la tensión era distinta. Él y Margaret aún discutían en voz baja, lejos del bullicio. Margaret sostenía una copa entre los dedos, pero no la había probado. Sus ojos recorrían la habitación con inquietud.
—No deberías