Las puertas de la oficina de Álvaro se cerraron tras Alejandro, quien descendía por el elegante pasillo con pasos firmes y mirada encendida por la furia. Ricardo y Andrés, que guardaban cerca del bar de la fiesta, se pusieron de pie al verlo acercarse.
—Salgamos de aquí —fue todo lo que Alejandro dijo, con voz firme, sin detenerse.
Andrés y Ricardo se miraron entre sí sin necesidad de palabras. Sabían que algo importante había sucedido. Ambos lo siguieron sin hacer preguntas. Uno a uno, cada ho