La noche había caído suavemente sobre la ciudad. El silencio reinaba en la habitación, apenas interrumpido por el sonido del agua corriendo en la ducha. Sandra caminaba de un lado a otro, inquieta, con las manos entrelazadas sobre el vientre aún plano, pero que guardaba el mayor secreto de su vida. Su corazón latía con fuerza; una mezcla de nerviosismo y emoción le recorría el cuerpo. No sabía cómo decírselo. No sabía cómo Andrés iba a reaccionar.
—¿Y si no se alegra? —susurró para sí misma mie