Después de largas horas de vuelo, el avión aterrizó suavemente en la pista privada de la ciudad. Adrien bajó por la escalinata del jet corporativo con paso firme y mirada decidida. Vestía un traje oscuro impecable que acentuaba su porte elegante y dominante. Había estado varios días fuera, resolviendo asuntos de negocios, pero su mente seguía anclada en una sola preocupación: mantener a Camila cerca y a Alejandro Ferrer lejos de la verdad.
Un automóvil de la empresa lo esperaba en la pista. El