El vapor comenzaba a llenar el baño, nublando el espejo y envolviendo el ambiente en una densa bruma caliente. Alejandro se encontraba dentro de la regadera, de pie, sin moverse, dejando que el agua tibia cayera sobre su cuerpo como si pudiera borrar el dolor que le desgarraba el alma.
Sus manos estaban apoyadas en la pared, sus dedos se aferraban al mármol frío mientras el agua resbalaba por su rostro. Cerró los ojos con fuerza, y con un grito ahogado lleno de impotencia, murmuró:
—¿Quién te m