“Tu hijo, tu fuerza”
La puerta se cerró detrás de Alejandro con un suave clic, pero su corazón seguía latiendo con fuerza tras el estallido emocional que acababa de tener en su habitación. El pasillo estaba en silencio, pero en ese momento un sonido suave, casi ahogado, rompió la quietud: el llanto de un bebé.
El llanto era inconfundible. Alejandro se detuvo en seco, giró su rostro en dirección al sonido y, sin dudar ni un segundo, se dirigió con paso rápido hacia la habitación de su hijo.
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