La Sombra de la Sospecha
Carlos caminaba por los pasillos del hospital con el ceño fruncido y el corazón latiéndole con fuerza. Las luces blancas iluminaban el corredor con un resplandor frío y aséptico. A cada paso, su preocupación aumentaba. Finalmente, divisó a Alejandro, sentado en una de las sillas de la sala de espera, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el suelo.
—¡Alejandro!— su voz resonó en el pasillo.
Alejandro levantó la mirada y, al ver a su padre, se puso