Andrés tenía las manos apretadas en puños, la frustración ardiendo en su pecho. No podía creer que Sandra le hubiera colgado sin dejarle explicar. Se pasó la mano por el rostro y dejó escapar un suspiro cargado de rabia y frustración.
—Ahora ella piensa que vine a buscar a Camila… —murmuró entre dientes, guardando su teléfono en el bolsillo.
Las horas transcurrían lentas y desesperantes, y aún no había noticias sobre el estado de Camila. La tensión en el hospital era palpable. Alejandro y André